Ayer hablaba con un amigo del mal rollito que da pensar en que en realidad, si alguien tuviera poder suficiente, podría meterte en un psiquiátrico y a ver quien demuestra luego que está cuerdo.
Y es que si lo pensamos fríamente hay alguna que otra muestra de que la fiabilidad a la hora de realizar diagnósticos psiquiátricos tampoco es muy alentadora.
David Rosenhan realizó un estudio, en 1972, sobre la validez en el diagnóstico psiquiátrico, el cual está considerado como una importante crítica a la diagnosis psiquiatrita.
El estudio consistió en dos partes:
La primera parte trataba en utilizar a colaboradores sanos, quienes simulaban alucinaciones sonoras en un intento de ser admitidos en 12 hospitales psiquiátricos de cinco estados de USA.
Los ocho pseudopacientes aseguraban escuchar voces poco claras, sin simular ningún otro síntoma. Todos los falsos pacientes fueron aceptados. Siete de ellos fueron diagnosticados de esquizofrenia y el último de trastorno bipolar.

Alguien voló sobre el nido del cuco
En la segunda parte se pidió a los facultativos de los hospitales que identificaran a los pacientes falsos.
En el primer caso sólo se detectó a un colaborador, mientras que en el segundo se detectaron un gran número de impostores que realmente eran pacientes reales de los hospitales psiquiátricos.
El estudio concluyó diciendo que “Parece claro que no podemos distinguir al sano del loco en los manicomios” e ilustró los peligros de la despersonalización y etiquetaje en los centros psiquiátricos. Finalmente, se sugirió el uso de instalaciones comunitarias que se preocuparan más de problemas específicos que de asuntos psiquiátricos y se recomendó educar a los trabajadores de estos centros para hacerles más conscientes de la psicología social de estas instalaciones.

January 28th, 2010 at 1:19 pm
Que bueno!
Me suena de haber leido esto hace tiempo. Por lo visto la mayoría de los psiquiatricos gastaron tanto tiempo en buscar importores como en desprestigiar a Rosenhan. El argumento principal era que era un sensacionalista ,que todo era un montaje y que no había nadie infiltrado. Desde luego nadie fue capaz de demostrar realmente ni lo uno ni lo otro…