Apr 22

Hoy voy a dar por concluida la serie de artículos “Experimentos para no dormir”. He dejado para el final uno de los estudios psicológicos más conocidos e impactantes de la historia moderna: El experimento de la cárcel de Stanford.

El experimento de la cárcel de Stanford estudia la respuesta humana a la cautividad, en particular la existente en las prisiones reales, y los efectos de los roles sociales impuestos por la conducta.

Este estudio, que fue llevado a cabo en 1971 por un equipo de investigadores de la Universidad de Stanford, tiene múltiples comparaciones con el Experimento de Milgram, siendo los encargados de estos experimentos antiguos amigos.

El estudio fue encargado por la Armada de Estados Unidos, que buscaba una solución a los conflictos en su sistema de prisiones y en el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos.

Zimbardo, líder del estudio, y su equipo querían probar la hipótesis de que los guardias de prisiones y los convictos se auto seleccionaban, a partir de una cierta disposición debida a las malas condiciones existentes.

Se escogieron participantes por medio de un anuncio de periódico. De los 50 que se presentaron se seleccionaron a los 24 que estimaron más saludables y mentalmente sanos. Todos ellos eran blancos, jóvenes, estudiantes universitarios y de clase media.

Los 24 participantes se dividieron de forma aleatoria en dos grupos: prisioneros y guardias. Más tarde los prisioneros dirían que se escogieron a los guardias por tener una complexión física más robusta, aunque no existían tales diferencias y se dividió el grupo por medio del lanzamiento de una moneda.

El experimento se elaboró en el sótano de la Universidad de Stanford. En él, se recreo una cárcel ficticia. Zimbardo sería el superintendente y un investigador asistente el alcaide.


Imágenes reales de la Cárcel de Stanford

El equipo estableció varias condiciones específicas con el objetivo de provocar en los participantes desorientación, despersonalización y desindividuación.

Los guardias recibieron porras y uniformes militares escogidos por ellos mismos. Además, debían de llevar gafas de espejo para impedir el contacto visual. A diferencia de los prisioneros, los guardias trabajarían en turnos y volverían a sus casas en sus horas libres. No obstante, muchos de ellos se presentaron voluntarios para hacer horas extras sin paga adicional.

Por su parte, los prisioneros sólo podían llevar una batas de muselina (sin ropa interior) y sandalias con tacones de goma, para forzarles a adoptar posturas corporales no familiares y así incidir en su incomodidad para provocar desorientación. Además, se les designaría por números en lugar de por sus nombres. Estos números estaban cosidos a sus uniformes. Para terminar, debían llevar medias de nylon en la cabeza para dar el aspecto de ser reclusos rapados y llevarían una cadena en sus tobillos de manera constante que les recordara su encarcelación.

El día anterior al comienzo del experimento se le dio una pequeña charla a los guardias donde la única regla que se les dio fue la prohibición de ejercer violencia física. Eran los encargados de la prisión y era su responsabilidad dirigirla como creyesen más conveniente.

A los prisioneros se les dijo que esperaran en sus casas. Sin previo aviso se les imputó de robo a mano armada y arrestados por policías reales que cooperaron en esa parte del experimento.

Los prisioneros tuvieron que soportar un procedimiento completo de detención de la policía y se les llevó a la cárcel de Stanford, donde fueron inspeccionados desnudos, despiojados y se les dieron sus nuevas identidades.

El experimento se le fue de las manos al equipo de investigación rápidamente. Los prisioneros sufrieron y aceptaron un tratamiento sádico y humillante por parte de los guardias, sufriendo muchos de ellos graves trastornos emocionales.

El segundo día se desató un motín. Los guardias se presentaron como voluntarios para hacer horas extras y disolver la revuelta, atacando a los prisioneros con extintores sin la supervisión directa del equipo investigador. A partir de entonces, los guardias dividieron a los presos en buenos y malos, haciéndoles creer que había informadores entre ellos. Esta treta funcionó bastante bien, ya que no tuvieron lugar más rebeliones a gran escala. Esta táctica ha sido utilizada ya en cárceles reales estadounidenses.

Los recuentos de prisioneros, que sólo servían para que se familiarizaran con sus identificaciones se convirtieron en experiencias traumáticas en la que los guardias atormentaban a los reclusos, incluyendo castigos físicos como trabajos forzados.


Imágenes reales de la Cárcel de Stanford

Se abandonaron rápidamente la higiene y hospitalidad. El derecho a ir al lavabo pasó a ser un privilegio que habitualmente se denegaba, obligando a los presos a hacer sus necesidades en la misma celda. Los prisioneros tuvieron que limpiar retretes con sus manos desnudas. Se retiraron los colchones de las celdas y se les obligó a dormir desnudos en el suelo. También se denegaba la comida en muchas ocasiones como modo de castigo. Incluso, se obligó a los prisioneros a realizar actos homosexuales como humillación.

A medida que el experimento avanzaba, muchos guardias aumentaron sus conductas sádicas, sobre todo por la noche, cuando pensaban que las cámaras estaban apagadas y no se les vigilaba. Un tercio de los guardias mostraron tendencias sádicas “genuinas” y muchos de ellos se quejaron cuando se dio por concluido el experimento.

Este experimento demostró la sugestión y obediencia de la gente cuando se les ofrece una ideología legitimadora y el apoyo constitucional. También se emplea para explicar la teoría de la disonancia cognitiva (entrar en lucha con dos ideales simultáneos) y el poder de la autoridad.

Por tanto, este estudio sería compatible con el experimento de Milgram, en el que gente ordinaria toma decisiones impensables y sádicas por culpa de la situación y no de sus personalidades.

El experimento fue ampliamente criticable. No sólo porque cruza la frontera de la ética y humanidad, sino porque era difícil generalizar los datos del experimento.

No se pudieron llevar a cabo controles científicos tradicionales y Zimbardo no fue un simple observador, sino que alteró activamente el experimento como superintendente.

Además, muchos de los que criticaban este experimento defendían que los participantes sólo actuaban, es decir, realizaban un juego de rol. Zimbardo se defendió diciendo que, pese a que en un principio pudo comenzar así, los participantes llegaron a interiorizar sus papeles a medida que el experimento continuó. También se dijo que estas condiciones difícilmente tenían que ver mucho con la situación de las cárceles reales.

Por otra parte los datos estaban sesgados. Por ejemplo, había guardias que concedían favores a los presos y les trataban bien, y Zimbardo no intentó explicar estas diferencias de conducta entre los guardias.

Sea como fuere, la realidad es que todo indica que el ser humano en situaciones extremas puede llegar a ser cruel, sádico e inhumano si ejercen el poder otorgado por instituciones guvernamentales.

Jan 27

Ayer hablaba con un amigo del mal rollito que da pensar en que en realidad, si alguien tuviera poder suficiente, podría meterte en un psiquiátrico y a ver quien demuestra luego que está cuerdo.

Y es que si lo pensamos fríamente hay alguna que otra muestra de que la fiabilidad a la hora de realizar diagnósticos psiquiátricos tampoco es muy alentadora.

David Rosenhan realizó un estudio, en 1972, sobre la validez en el diagnóstico psiquiátrico, el cual está considerado como una importante crítica a la diagnosis psiquiatrita.

El estudio consistió en dos partes:

La primera parte trataba en utilizar a colaboradores sanos, quienes simulaban alucinaciones sonoras en un intento de ser admitidos en 12 hospitales psiquiátricos de cinco estados de USA.

Los ocho pseudopacientes aseguraban escuchar voces poco claras, sin simular ningún otro síntoma. Todos los falsos pacientes fueron aceptados. Siete de ellos fueron diagnosticados de esquizofrenia y el último de trastorno bipolar.


Alguien voló sobre el nido del cuco

En la segunda parte se pidió a los facultativos de los hospitales que identificaran a los pacientes falsos.

En el primer caso sólo se detectó a un colaborador, mientras que en el segundo se detectaron un gran número de impostores que realmente eran pacientes reales de los hospitales psiquiátricos.

El estudio concluyó diciendo que “Parece claro que no podemos distinguir al sano del loco en los manicomios” e ilustró los peligros de la despersonalización y etiquetaje en los centros psiquiátricos. Finalmente, se sugirió el uso de instalaciones comunitarias que se preocuparan más de problemas específicos que de asuntos psiquiátricos y se recomendó educar a los trabajadores de estos centros para hacerles más conscientes de la psicología social de estas instalaciones.

Jan 16

Retomo de nuevo la seria de artículos de “Experimentos para no dormir”. El cuarto de los experimentos sociológicos de los que os voy a hablar es bastante conocido, ya que se ha escrito una novela, se ha llevado al cine y realizado hasta un musical sobre él. Estoy hablando del experimento que se bautizó como “Tercera Ola“.

Este nombre se lo dio el profesor de historia Ron Jones, el cual dirigió el mismo el experimento con alumnos de secundaria en el instituto Cubberley High School, en Palo Alto, California.

Cuando Jones no fue capaz de explicar a sus alumnos como en la Alemania Nazi los ciudadanos (sobre todo los alemanes no judíos) permitieron que se exterminaran a millones de judíos y otros llamados “indeseables”, decidió mostrárselo llevando a cabo un experimento que recreaba la Alemania Nazi en esa misma clase.

El experimento comenzó con cosas simples, como sentarse apropiadamente, insistiendo hasta que los alumnos eran capaces de entrar y sentarse correctamente en menos de 30 segundos sin hacer ruido. Luego procedió a tomar un rol más autoritario, lo que resultó una drástica mejora en los resultados académicos de los alumnos. Jones impuso unas cuantas reglas más, pensando que sería un experimento de un solo día. Estas consistían en que sus alumnos estuvieran sentados hasta que sonara la segunda campana y debían realizar preguntas poniéndose de pie y estando formuladas en tres palabras o menos, todas ellas comenzando con las palabras “Sr.Jones”.

Para el segundo día de clase, el grupo de alumnos había adquirido un profundo sentido de la disciplina y comunidad. Jones nombró al movimiento “La Tercera Ola”, ante la creencia popular de que la tercera ola es la más larga y fuerte. Además, inventó un saludo similar al del Nazismo y ordenó a sus alumnos a saludarse así, incluso fuera del centro. Todos los alumnos obedecieron la orden.


Imagen de la película “La Ola”, basada en este experimento.

El tercer día, el movimiento había tomado vida propia. La clase pasó de 30 a 43 alumnos. Todos ellos mostraron mejoras académicas y una gran motivación. Jones continuó con su experimento dando una tarjeta de miembro a los alumnos pertenecientes al movimiento y asignándoles tareas, como el diseño de un logo o no dejar que entrara a la clase cualquier persona que no perteneciera al movimiento. Además, enseñó a sus alumnos como iniciar a otros en el movimiento y al final del día el movimiento contaba con 200 miembros. Jones quedó sorprendido al comprobar que había estudiantes que le reportaron casos de miembros que no seguían las reglas del movimiento.

El cuarto día, Jones, el cual comenzaba a estar asustado con las proporciones que había adquirido el movimiento, decidió poner fin al experimento. Los alumnos se estaban involucrando demasiado al movimiento y su disciplina y lealtad eran notables. Anunció a sus alumnos que La Tercera Ola pertenecía a un movimiento mundial y que para el día siguiente se iba a presentar un candidato para las presidenciales. Jones ordenó que todos ellos fueran al dia siguiente a una reunión para presenciar el anunciamiento.

Ese día, Jones les dijo que el movimiento tenía un líder mundial y les puso un video sobre Adolf Hitler. Les explicó que el movimiento no era más que un experimento sobre el fascismo y que ellos, en tan sólo cuatro días, se habían creado voluntariamente un sentido de superioridad, similar al de la población Nazi.

Este experimento tiene implicaciones evidentes de la maleabilidad mental del ser humano. Tiene un gran interés no solamente para aquellos psicólogos que desean comprenderlo y prevenirlo, sino para aspirantes a dictadores que quieran intentar recrearlo. Afortunadamente, se sigue sabiendo muy poco sobre las pautas del experimento.

Oct 25

El Experimento de Asch

El experimento de conformidad con el grupo de Ash fueron una serie de experimentos en 1951 que sirvió de demostración del poder de la conformidad de grupo.

Los experimentos, encabezados por Salomón Ash, pidieron a una serie de estudiantes que participaran en una prueba de visión. El experimento realmente consistía en estudiar el comportamiento del sujeto frente al comportamiento del resto del grupo, que eran cómplices del experimento.

Los cómplices y el sujeto, que consistían en un grupo de entre 7 y 9 participantes que se tenían que sentar en una clase. El experimentador explicaba que a continuación se les mostrarían una serie de líneas y que su tarea seria diferenciar la longitud de las mismas y comparar las que eran presentadas con la línea original. Cada sujeto, uno por uno, que líneas de las mostradas era bajo su juicio la que coincidía en longitud con la línea original.

Como he mencionado antes, el grupo consistía realmente en un sujeto de estudio y de los cómplices, que eran el resto de participantes. Estos cómplices habían recibido instrucciones antes del experimento de que respuestas debían de responder, y que eran erróneas.

Al sujeto de estudio se le asignaba, sin que el lo supiera, una determinada situación en el aula alejado, por norma general en la penúltima fila, por lo que recibía de forma nítida la opinión del resto de la clase.

Aunque la mayoría de los sujetos respondieron acertadamente, muchos demostraron malestar al dar una opinión contraria. Por otra parte, el 33% de ellos se conformó con la opinión de la mayoría, aunque en algunos casos las líneas en comparación se diferenciaran en varios centímetros. Además, era más probable que el sujeto diera una respuesta influenciada si el resto de los estudiantes daban una opinión unánime.

Algunas de las novelas que tratan las bases psicológicas sociales de este experimento es la novela 1984.También explica el concepto de “coge un ciervo y llámalo caballo”g, que era una prueba de lealtad de Zhao Gao hacia sus subordinados.


Fuente
:

Oct 09

Como prometí iba a seguir con los experimentos sociales del siglo pasado que más me han sorprendido. En este artículo hablaré de un experimento que, afortunadamente, no llega a ser tan atemorizante como el primero.

Experimento de Robber’s Cave

Este experimento tuvo lugar en 1954 por Muzafer y Carolyn Sherif y se estudia el perjuicio en los grupos sociales. El nombre del experimento se debe a la zona donde se realizó dicho estudio, el Parque Estatal de Robber’s Cave, en el estado de Oklahoma.

El experimento estuvo dividido en tres fases:

  1. Formación de grupos
  2. Fricciones, incluyendo el primer contacto con el otro grupo, rivalidades deportivas, etc.
  3. Integración

Al comenzar el estudio Sherif fue presentada como guarda de campo a un grupo de 22 niños de once años con similares experiencias en la vida y sin ninguna relación entre sí. Fueron trasladados al campo en dos autobuses de 11 personas sin saber ninguno de los grupos de la existencia del otro. Ambos grupos se asentaron en dos zonas lejanas entre sí, para que los primeros días pasará desapercibida la existencia del otro grupo.

Después de varios días, los grupos sufrieron espontáneamente jerarquías internas de forma espontánea.

Aunque ninguno de los niños se conocía con anterioridad, la hostilidad entre ambos grupos y la cohesión con los miembros de su propio grupo fue observada rápidamente. Fue tal el grado de fricción entre ambos grupos que el equipo de estudio tuvo que suspender esta fase y pasar a la tercera por motivos de seguridad.

Para disminuir la enemistad entre ambos grupos, Sherif introdujo tareas que requerían la cooperación entre ambos grupos, lo que se conoció en el estudio como “objetivos super-ordinados”. Un objetivo super-ordinado es un deseo, un desafío o un peligro que ambas partes en un conflicto social deben de resolver, y que no pueden hacer ninguno de los grupos por separado.

Gracias a estas metas conjuntas, disminuyeron los conflictos entre ambos grupos de tal manera, que al final del experimento los niños pidieron ir todos juntos (ambos grupos) en el mismo autobús.

Este estudio es uno de los más importantes para explicar la facilidad con que pueden crearse hostilidades entre grupos. Los resultados tienen una parte preocupante y otra esperanzadora. En el experimento se muestra como los seres humanos son muy susceptibles al comportamiento hostil del grupo, lo cual ha sido observado en chimpancés y otros primates. Además, las relaciones intergrupales se construyen con suma facilidad.

No obstante, el experimento también muestra como el ser humano es capaz de suspender esas hostilidades y trabajar en equipo para alcanzar metas super-ordinadas.

Las metas super-ordinadas también se pueden observar en desastres naturales o artificiales, en donde las personas aumentan su solidaridad y contribuyen para mitigar el problema.

Cuando una meta super-ordinada se centra alrededor de un ataque inminente, el efecto se conoce como “efecto del enemigo común”. Este hecho es muy recurrido en multitud de películas, como Independent Day, donde todas las hostilidades y agravios entre naciones son olvidadas para poder combatir contra un enemigo común, los alienigenas.

Por desgracia el efecto del enemigo común también ha sido utilizado para apoyar causas políticas y ha sido una de las mayores bazas para llevar a cabo algunas de las mayores atrocidades de la historia. Es el caso del régimen nazi, en el que el líder de la ideología, Hitler, creó un enemigo común, los judíos, con la finalidad de llevar temas a la agenda pública y movilizar a los ciudadanos bajo una causa común. Hitler partió del antisemitismo europeo latente en aquella época para poder tener el respaldo de su país en las decisiones que tomara.

Otra muestra del uso del efecto del enemigo común es como a veces las poblaciones se creen amenazas por la amplia repetición de los medios de comunicación de las palabras de un líder político. Un caso muy cercano en el tiempo es el estado de terror que sufrió Estados Unidos posteriormente al ataque del 11-S, donde los medios fueron utilizados por su presidente para convencer a la ciudadanía de la gran amenaza que sufría su nación por culpa del terrorismo islámico.

Oct 07

El otro día me dediqué a wikipediar (buscar por la Wikipedia sin rumbo definido)

Todo comenzó con “El Señor de las Moscas”, un libro que me apetece mucho leerme y que por medio de sus enlaces de interés me ha mostrado el oculto mundo de los experimentos post segunda guerra mundial / guerra fría.

Algunos ya los conocía, pero otros me dejaron a cuadros, sobre todo por sus resultados. Os voy a mencionar los que más me llamaron la conclusión en una serie de varios artículos (porque si no esto puede ser el principio del mayor bloque de texto de todos los tiempos). Comencemos.


Experimento de Milgram

En realidad no fue un experimento, sino una serie de varios de ellos llevados a cabo por el psicólogo Stanley Milgram, de la Universidad de Yale.

Los experimentos comenzaron en 1961, después de que Adolf Eichmann fuera juzgado y condenado a muerte en Jerusalén por crímenes contra la humanidad durante el régimen nazi alemán.

Milgram ideó una serie de experimentos para responder a la pregunta: ¿Es posible que Eichmann y su millón de cómplices sólo siguieran órdenes?

Milgram puso anuncios en la prensa en el que se demandaban voluntarios para un experimento de memoria y aprendizaje en Yale, por los que se pagaba 4 dólares más dietas. Los participantes escogidos eran personas entre 20 y 50 años de edad con todo tipo de niveles educacionales.

El experimento requiere de tres personas: El investigador, el “maestro” y el “alumno”. El alumno es un cómplice del experimento, por lo que cuando se sortean los papeles de maestro y alumno, el cómplice siempre dirá ser alumno mientras que al sujeto de estudio le tocará ser el maestro (se escogen dos papeles de una urna, ambos tenían escrito “maestro”, por lo que el voluntario siempre acababa siendo maestro).

Separado por un módulo de vidrio del maestro, el alumno se sienta en una especie de silla eléctrica y se le ata para impedir su movimiento. Se le colocan unos electrodos en su cuerpo, y se menciona que las descargas pueden ser muy dolorosas, pero sin crear daños irreversibles en el alumno. Todo esto observado por el participante.

Tras esto, se le da una descarga de 45 voltios, tanto al alumno como al maestro, con el fin de que el maestro compruebe la sensación desagradable y dolorosa que recibirá el alumno.

Tras esto, se le explica al maestro que deberá enseñarle al alumno pares de palabras, y que en caso de que éste falle deberá pulsar un botón que producirá una descarga. Además, las descargas irán creciendo en intensidad desde los 15 iniciales hasta 450 voltios.

El maestro cree que esas descargas son reales, pero en realidad el alumno ha sido aleccionado para simular los efectos de cada descarga, incluidos gritos de dolor inhumanos, pérdidas de conciencia, etc.

Por lo general, llegados a los 75 voltios, el maestro se ponía nervioso y querían parar, pero la autoridad del investigador les hacia continuar. Al llegar a los 135 voltios los participantes se preguntaban cual era el propósito del experimento. Algunos se eximían de posibles responsabilidades con los posibles daños ocasionados al alumno. Otros reían de forma nerviosa al oír los gritos del dolor del alumno.

Si el maestro se negaba a continuar con el experimento el investigador le indicaba imperativamente y según el grado:

  • Continúe, por favor
  • El experimento requiere que usted continúe.
  • Es absolutamente esencial que usted continúe.
  • Usted no tiene opción alguna. Debe continuar.

Si después de la última frase el maestro se negaba, se paraba el experimento. Si no, se detenía después de que realizara tres veces seguidas el máximo de voltaje permitido, 450 voltios.

Y aquí viene lo interesante del experimento, los resultados. ¿Qué opináis? Yo de primeras pensé que solamente un 1% podría ser tan hijoputa o tan tonto para hacer lo que le ordenen.

Pues bien, el 65% de los participantes aplicaron la descarga máxima de 450 voltios, aunque muchos se sentían incómodos al hacerlo. Todo el mundo paró en cierto punto y cuestionó el experimento, algunos incluso dijeron de devolver el dinero pagado, pero ningún participante se negó rotundamente a realizar el experimento antes de los 300 voltios, donde el alumno dejaba de dar muestras de señales de vida.

También se demostró que si los maestros tenían un contexto social y educativo similar al alumno paraban mucho antes.

Es curioso además que todos los que habían llegado a los 450 voltios no preguntaran ni fueran a la otra habitación para ver el estado de la víctima.

Estos resultados dieron lugar a dos importantes teorías:

  • Teoría del Conformismo *: Un sujeto sin la habilidad ni el conocimiento para tomar decisiones, particularmente en una crisis, tomará las decisiones con respecto al grupo y su jerarquía. El grupo es el modelo de comportamiento de la persona.
  • Teoría de la Cosificación: La esencia de la obediencia se encuentra en que la persona se ve como un simple instrumento que realiza los deseos de otra persona y, por lo tanto, no se considera responsable de sus actos. Esta teoría explica perfectamente la obediencia que existe, por ejemplo, en el ejército. El soldado hará todo lo que se le ordene ya que la responsabilidad de dichas decisiones recae en el mando superior y no en ellos.
  • ¿Flipante verdad? Pues en próximos capítulos os contaré más experimentos para no dormir, así odiareis un poquito más a nuestros congéneres xD Os prometo que no pasará mucho tiempo hasta los próximos artículos, de hecho mi idea es hablar de todos ellos de seguido.

    * Otro día os hablaré del experimento de Asch, que explica muy bien también esta teoria, y es de la cual Milgram se basa.