En estos momentos soy un despojo humano después del viaje relámpago a Portugal, pero todavía tengo energía suficiente para teclear y contaros que tal fue el finde.
El sábado, que es donde me quedé en el post 100, nos levantamos bien tempranito, a las 9, nos duchamos, nos pegamos un buen desayuno y a ver Lisboa.
La verdad es que sólo teníamos ese día para ver la ciudad y decidimos no perder el tiempo. Fuimos directamente al casco de la ciudad, y después de encontrar parking (bendito GPS xD) nos recorrimos a pata gran parte del centro.
Me encantó el casco, me parece mucho más “romántico” que Madrid, y no tiene precio ver desde el principio de las calles el azul de la desembocadura del Tajo.
También vimos algunas iglesias, como la de San Vicente, donde me tuve que morder la lengua para no reírme con el fotógrafo Andrés y las miradas siniestras de las beatas portuguesas (si es que, ponerte a fotografiar el sagrario sin ni hacer una mala inclinación de cabeza….puto hereje xDDD).

Foto de Lisboa. No es nuestra, de hecho esta zona estaba en obras xD
A las 2 nos tocaba, según nuestros planes, dejar el casco antiguo e irnos a las proximidades del estadio donde era el concierto (el cual seguíamos sin saber donde estaba xD) y vimos la torre de Belem y el palacio de Ajuda. Este último está muy poco conservado y me entristeció mucho el hecho de que una joya nacional estuviera tan mal llevada.
Luego paramos a comer en el típico restaurante turístico caro xD y fuimos a ver el Monasterio de San Jerónimo, con el que nos topamos involuntariamente, para después volvernos al hotel para ducharnos y descansar un poco antes del concierto.
El descanso duró mucho menos de lo que hubiéramos deseado, y vuelta de nuevo al monasterio de San Jerónimo, ya que por medio de Google Earth descubrimos que el estadio estaba justo detrás.
El concierto no estuvo mal, de nuevo tocaron Mando Diao. Parece que nos persiguen para que compremos entradas para su concierto en Noviembre.
Lo dantesco vienes después de que terminaran los suecos, cuando decidimos abandonar nuestro precioso sitio para ir a buscar comida…
Resulta que en Portugal las colas de todo son interminables e inmutables. No avanzas, no te mueves, todo a tu alrededor pertenece inalterable, y tu sigues sin llevarte nada a la boca. Así que después de más de una hora probando suerte decidimos jodernos y comer en el hotel. La bebida, eso si, estaba a un precio cojonudo. No veáis lo que me costo comprender que me iban a cobrar 3.50€ por una coca cola (bueno, Snappy xDD) y una cerveza…de primeras os juro que no me lo creía y pensaba que lo que realmente decía era 13.50 xDDD
A todo esto estaba cantando Duffy (que aburrimiento de mujer xD) y en el descanso antes de que empezara The Killers dimos la vuelta al estadio lo menos tres veces buscando un asiento guapo, para finalmente decidir irnos al campo para pasarlo mejor.
The Killers geniales como siempre, y eso que los asistentes le dieron razones para mandarlo todo a la mierda. Intentó, sin éxito, que la gente coreara sus canciones, pero parece que en Lisboa hay aún más alergia al inglés que en España…o eso, o la gente fue al concierto sin tener ni puta idea de a que sonaba The Killers.
Con deciros que cuando la gente, al final de Spaceman, cantaron los coros de la canción, Brandon, no pudiendo aguantar la risa, decidió repetirla, a ver si en el nuevo intento la gente se animaba más.

Al final el concierto termino a las 3 de la mañana y fue llegar a la habitación de hotel y caer en la cama…eso sí, después de intentar pedir algo al servicio de habitaciones, el cual no llevaba más que cosas raras y nada contundentes para nuestros desfallecidos estómagos, así que nos fuimos a sobar con el estómago vacío, pensando en el desayuno del día siguiente.
El domingo, queríamos haber ido al parque más grande de Lisboa (algo así como El Retiro portugués) que estaba cerca de nuestro hotel, pero se nos pegaron las sábanas y tuvimos que salir directamente.
Andrés decidió hacer una sola parada, para comer, eso sí, en el mismo sitio donde paramos en la ida. El sitio en cuestión es una vía de servicio en San Pedro de Mérida que involuntariamente nos conquistó con sus bocadillos y su nombre, Juan Porro.
Llegamos a Móstoles a las 7, y aunque pretendía irme a la cama pronto, haciendo zapping antes de irme a sobar (sobre las once y media) me encontré con la final de la EPT de Montecarlo (torneo de Poker) y sin querer me quedé viéndolo hasta el final.
Así que hoy he ido a trabajar y no era ni persona, y para colmo esta tarde empiezo el gimnasio. No temáis, nada de batiditos, sólo quiero ir a la piscina para echarme todos los días una horita o dos de largos, que hace falta recuperar la forma perdida.
PD 1: Hemos sacado muchas fotos, pero me las tiene que pasar Andrés (llevamos su cámara) en un pen-drive esta semana, porque ocupan un huevo.
PD 2: PURTUGAAAAAAL.