El sabor a óxido y sal le empalagaba la boca. Notó un fuerte peso en su espalda. Intentó incorporarse y descubrió que el peso provenía de uno de los numerosos cuerpos sin vida que yacían a su alrededor.
Recogió su espada del suelo. Una vez más el azar y el templado acero de su arma le habían salvado la vida. No recordaba muy bien como había llegado a ese estado. Imágenes inconexas de la batalla le venían a la cabeza. Miembros desmembrados y tajos profundos inflingidos a sus enemigos. El choque contra el sucio barro, impregnado de la sangre de cientos de hombres. Y por último, la oscuridad.
Ya no quedaba nadie en el campo de batalla. Si alguien había sobrevivido no parecía que tuviera tiempo para asegurarse de que sus compañeros de armas estaban realmente muertos. Lo comprendía, el también habría vuelto al calor del campamento sin mirar atrás.
Lo que no llegaba a entender era que hacía con vida. Los demonios podían sentir la vida como un hambriento el olor de un suculento guiso de carne recién hecho. Lo habrían localizado y devorado, hasta que exhalara su último suspiro de vida. No obstante, ahí seguía, de pie. Tal vez los dioses le habían sonreído por una vez.
Envainó su espada, y tambaleándose, se puso en camino hacia el campamento.
Autora:
María del Mar Millán García
“Brody“

Desolación y muerte by María del Mar Millán García is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 3.0 España License.



